domingo, 17 de abril de 2011

Vuelta a un propósito y mi aventura en Elche


En enero comencé con el propósito de escribir una especie de diario o de impresiones semanales sobre mis experiencias vitales. Rápidamente ese propósito cayó en el olvido. Pues bien nunca es tarde y aquí estoy otra vez.

El domingo pasado participé en el Medio Ironman de Elche, con un tiempo de 5 horas 48 minutos 50 segundos. El viaje a esta nueva aventura comenzó el sábado y para mi sorpresa pude compartir ruta con otra triatleta, Amelia. Durante nuestro camino a Elche intercambiamos impresiones sobre este deporte y los kilómetros fueron mucho más amenos. Ya allí en Elche encontré a mucha más gente, Amelia me presentó a sus amigos de Aguilas también apasionados de este hermoso deporte. El calor que hacía era propio del mes de Agosto, 33 grados o más, con un aire caliente que dejaba a uno apático. Todos pensamos que con ese calor la prueba del día siguiente iba a resultar mucho más dura y así fue.

El domingo por la mañana madrugón, a las 5:30 estaba en pie. Desayuno a las seis viendo las caras de otros triatletas, caras de circunstancias como diciéndose en que 'sarao' nos hemos metido. Los momentos previos a una prueba para mí no son muy agradables y creo que para la mayoría, más por el estrés de tener todo el material en su sitio en Boxes y su acceso con dorsal, chip, gorro, licencia etc. Llegué a Arenales pronto sobre las 7, y tuve tiempo a hacer todo con calma. El sol comenzaba a asomarse y el mar estaba en calma. La natación pintaba muy bien, a las 8:55 dieron la salida a mi grupo de edad y allí comenzaba una nueva aventura. Disfrutando cada brazada con mi neopreno y sintiendo el agua fresca en cara, pies y manos. Tuve una buena orientación en el agua y no recibí muchos golpes en los primeros metros. Hasta los primeros 800 metros iba bien situado, pero poco a poco fuí perdiendo chispa y a nadar más lento. Ya por el 1.300 estaba más atrás perdiendo la referencia del pelotón de nadadores, pero en ningún momento me impacienté ni me sentí incomodo nadando, me dije- disfruta e intenta deslizar, girar bien el cuerpo en cada impuslo-. Al pasar la última boya fue el momento de apretar y dejarse de tonterías. Aumenté mi frecuencia de brazada y dejé la respiración bilateral para acelerar un poco. Salí del agua muy entero sin cansancio y corriendo a Boxes. Tiempo 37 minutos en una distancia de 1900m no es un gran tiempo pero me da igual, disfruté mucho este segmento.

Una vez en la bici el perfil me sorprendió pues si bien había estado hace dos años en el mismo triatlón, el recorrido había cambiado mucho, primeros 40 km casi siempre picando para arriba, pero sintiéndome muy bien y remontando muchos puestos. Las dos primeras horas de bici geniales, hasta que el calor comenzó a apretar. Paulatinamente empecé a sentirme aplatanado y cansado en la bici, el paisaje árido y monotono de las tierras alicantinas comenzó a acompañar la fatiga, mi obsesión en todo momento fue beber líquido y sales. Por experiencia sé que con tanto calor lo mejor es tomar sales y mucho líquido. Eso hice, pero el problema es que mi estómago no asimilaba lo que comía, los dos geles y media barrita de mule bar no me sentarón muy bien e inicié a sentir flojera. En un avituallamiento tiré mi bidón de sales casi acabado y opté por beber la isotónica que daban de la marca Vitargo. Gran error. Nunca hay que tomar algo que no has probado antes entrenando. Y si a eso añades que la bebida estaba demasiada concentrada y sabía mal, pues bomba para un estómago ya mal trecho. Llegando a boxes en el último repecho el cuadriceps de la pierna izquierda amenazaba ya con calambres, anunciándome que mi carrera a pie no iba a ser nada fácil y que mis fuerzas para afrontarla no eran del todo buenas. Aún así mi mejor tiempo en bici en un triatlón 2 horas 50 minutos, velocidad media 31 km hora. Muy lejos de los élite que sacaron una media de 39 Km/h pero también lejos de mis años anteriores en los 90 km en bici.

Y comenzaban los 21 km de carrera a pie con un circuito muy puñetero, subida a unas escaleras con gran desnivel, rampas pronunciadas para luego llanear y llegar a un camino poco propicio para correr entre piedras y arena de playa. A esto había que sumarle 33 grados de temperatura y la humedad. Los primeros kilómetros y tras subir las escaleras corriendo, comencé a sentir amagos de calambres en el femoral y cuádriceps de la pierna izquierda, eso me hizo ser muy conservador corriendo, e ir más pendiente de beber isotónica desechando en todo momento comer algo sólido para recargar energías, pues sentía el estómago como una batidora. Mi paso por los primeros 10km casi una hora, mal muy mal pero en esa situación no quedaba otra que olvidar una buena carrera, que era mi objetivo y tirar hasta llegar a meta. Sobre el km 15 el cuádriceps se cargó y tuve que estirar. Más tarde el estómago me saludaba con grandes dolores y retortijones, y si, tuve que apartarme y hacer necesidades. Una vez soltada la porquería y haber aliviado un poco el tema intestinal. Pude correr los últimos 3 km con más alegría aunque con síntomas de agotamiento por la falta de alimento. Superado el tramo de carrera de arena de playa se enfilaba el paseo marítimo, 1km y medio me separaba de la meta, di ánimos a dos triatletas que estaban sufriendo también y me dije- 'a morir este km y medio'-, puse la directa y corrí esprintando sin pensar en todo lo que llevaba detrás y en todo el malestar que tenía. Con los ojos semicerrados y mordiendo mi dentadura corrí el último km por debajo de los 4 minutos. La alfombra azul estaba a la vista, el crono me daba igual, pese a las dificultades había cruzado la meta y de nuevo era finisher.
Más tarde aturdido tras la prueba, me puse a reflexionar sobre todo lo vivido. Cada vez que afronto una aventura de este tipo uno descubre cosas sobre sí mismo. De estar totalmente agotado y en mal estado corriendo, a la alegría de ver que me quedaba un Kilómetro y medio y finalizar vigoroso esprintando.
Nunca hay que abandonar, superar las dificultades porque al final la voluntad puede más.