
Sigo recorriendo distancias, kilómetros nadando y corriendo. Tengo un poco aparcada la bici. Desde el triatlón de Elche he bajado el pistón y la intensidad entrenando. Hay días que me tomo un respiro, y me digo; 'no te presiones, no vas a competir por el momento'. Sin duda que este invierno pasado acumulé muchas horas de entrenamiento, en los tres deportes. Llegué a Elche muy entrenado, pero mentalmente tal vez saturado. Trato ahora de entrenar como se dice por apetencias.
Durante estos días el tiempo que no he dedicado al triatlón, lo he recuperado para hacer otras actividades, como leer. Uno de los libros que he leído con mucho interés es de Harakuri Murakami, titulado, De qué hablo cuando hablo de correr. Me llamaba la atención que podía contarme el escritor japones sobre su afición por el deporte. Corredor de maratones y para mi sorpresa también triatleta. Murakami habla sobre sus motivaciones y la necesidad de hacer deporte en su vida cotidiana.
Hay momentos en los que caen en tus manos libros que narran situaciones o sentimientos muy similares a los que uno experimenta en su vida. Y sin duda, con este libro así ha sido. Me he identificado mucho con el autor y en algunos momentos parece que hablaba mi mente en las frases que Haruki plasma en sus páginas.
Dejo un extracto que me gustó mucho de las páginas de este libro:
...Dicho de otro modo, lo divertido y lo interesante del triatlón es precisamente lo que se va aprendiendo con la experiencia.
Por supuesto, físicamente resultó muy duro y, en el plano psicológico, viví también momentos de gran decaimiento. Pero esa dureza viene a ser algo así como una premisa para los deportes de esta índole. Si el sufrimiento no forma parte de ellos , ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafíos como una maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan? Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, sí al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad de vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las clasificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos......
Lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí, sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad.
Por Harakuri Murakami, DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER.
