jueves, 15 de agosto de 2013

EL LARGO CAMINO PARA SER FINISHER EN UN IRONMAN


Lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas. Eso pienso yo. Pienso así tanto por mi sentir, como por mi experiencia.
          Haruki Murakami , "De qué hablo cuando hablo de correr". 



Han pasado dos semanas desde que crucé la línea de meta en el Ironman celebrado en Vitoria, el 28 de julio de 2013, y me veo en la necesidad de escribir no sé muy bien si las sensaciones que he experimentado en ese reto deportivo que me marqué allá por el mes de Febrero, después de meditarlo mucho durante los meses previos, o bien, hablar del trayecto que me ha llevado a poder superar la prueba reina de la larga distancia en este maravilloso deporte llamado triatlón.
Llevo muchos años vinculado al deporte del triatlón y en general al deporte. Desde pequeño siempre me ha apasionado. Empezando por el fútbol, pasando por el baloncesto deporte del que disfruté con compañeros de colegio y en el que viví un periodo competitivo y educativo muy bonito, que nunca he olvidado. Luego llegó la época en el que me dediqué a beber y salir hasta que me dí cuenta que echaba de menos algo, y por intuición cogí unas zapatillas y me puse a correr, tenía 23 años y me enganché al running. Si bien nunca me propuse ir a carreras populares, ni correr una maratón, cree en mi vida cotidiana el hábito de correr, y desde entonces con altos y bajos por circunstancias laborales y del día a día, el deporte siempre ha estado entre mis prioridades. En los 90 un querido amigo y compañero de trabajo, Carlos Alcalde compartía la misma pasión por el running, Durante la hora de comer en el trabajo nos escapábamos a correr juntos, allá donde nos encontrásemos siempre llevábamos unas zapatillas en la bolsa, normalmente trabajábamos en la calle montando unidades móviles de televisión. Carlos un día me propuso hacer un triatlón, él llevaba ya varios, y acepté la invitación.  Nunca había oído hablar de este deporte pero me parecía curioso, nadar, coger la bici y correr. El triatlón se celebraba en Tres Cantos y era de distancia Sprint, 750m de natación, 20km en bici y 5km corriendo, era el año 95 si mal no recuerdo y no había nadado desde el colegio, no tenía bici, me prestaron una en la que no me entraban los pies en los rastrales y fui toda la prueba arrastrándolos  por el cemento del circuito urbano, Para afrontar mi primer triatlón tan solo había corrido previamente. Decir que la sensación fue increíble cuando lo hice y me encantó el ambiente que había entre los deportistas, no me importó quedar el último o penúltimo, me lo pasé muy bien pero en esos momentos estudiando Sociología y trabajando, dedicarle mucho tiempo a este deporte no estaba en mis prioridades. De todos modos el virus triatlético ya estaba dentro de mí, solo era cuestión de tiempo volver a explorar las sensaciones que se viven practicando este deporte.
Fue en Junio de 2002 cuando junto a Carlos Alcalde, otra vez volví a probar con el triatlón. no sé muy bien las razones por las que me apunté, tal vez por admirar las pruebas que hacía mi amigo Carlos y por volver a experimentar las sensaciones que había vivido años atrás en Tres Cantos, creo que la motivación real fue hacer un triatlón de distancia olímpica y además en Barcelona ciudad que siempre me ha encantado, me preguntaba; ¿podré hacerlo?, claro que podía, allá que fui a afrontar otro triatlón sin entrenar casi las tres disciplinas. Creo que después de ese triatlón comencé a engancharme en serio. Al año siguiente me inscribí en un sprint en Santa Pola y meses después en el clásico triatlón olímpico de Cuenca, en el que me lancé a nadar con mi pésima natación vistiendo un neopreno de surfero del Decathlon, en las frías aguas del río Jucar. Otro paso posterior fue darme de alta como socio en el club Triatlón Aguaverde y seguir adentrándome de esta manera más y más en esta mundo apasionante de los tres deportes en una prueba. Compré mi primera bicicleta y empecé a participar en más competiciones de distancia sprint y olímpica, hasta que me atreví con la media distancia en septiembre de 2006 en Guadalajara. Mi primer medio fue una auténtica aventura, Nadar 3000 metros hacer 90 km en bici y correr 21km me parecía una locura, pero quería probar, y la experiencia fue satisfactoria, el triatlón me había atrapado definitivamente y entraba en un punto de no retorno en el que no podía vivir sin afrontar esos retos al menos una vez o dos al año. 

Desde el 2006 he estado entrenando asiduamente las tres disciplinas, aprendiendo con las derrotas, educándome con este deporte, conociéndome. Muchos sinsabores y también satisfacciones. He hecho muchas pruebas de media distancia creo que unas 17 desde Guadalajara, hasta que llegó un punto en el que dominaba la distancia. Nunca he sido un fenómeno en ninguno de los tres deportes, y he entrenado muchísimo, pero tampoco me ha preocupado esto en exceso, lo que si lograba era tener buena  solidez  a la hora de afrontar los medios ironman, sobre todo estos dos últimos años.  Empecé a sentir que hacer medios ironman era ya rutina, tenía la sensación que necesitaba afrontar por fin la prueba por excelencia, el Ironman. 

Mí historia en el deporte del triatlón no se puede desvincular del resto de ámbitos de lo cotidiano, trabajo, amistades, vida afectiva, salud. Afortunadamente desde que tengo 18 años, por suerte problemas de salud no he tenido. Pero a nivel laboral  he vivido una situación muy inestable. Casi nunca me ha faltado trabajo, pero siempre con una enorme incertidumbre. Hacer triatlón suponía por una parte una válvula de escape, pero a su vez al no ser profesional de este deporte y ante la precariedad o inestabilidad laboral, ha supuesto un esfuerzo económico grande,  apuntarme a competiciones, comprar  material y todo lo que conlleva  entrenar muchas horas, piscina, fisios, licencia federativa, alimentación para la competición, entrenadores, inscripciones, viajes. En muchos momentos  lo hacía con  la sensación de que mi pasión por el triatlón era un lujo que no me podía permitir. He renunciado a otras cosas, lo he hecho con gusto, pero nunca sabes hasta que punto estás haciendo bien en entregarte tanto tiempo a un deporte que requiere mucha disciplina en solitario y un importante esfuerzo económico. Solo sé que después de cruzar la línea de meta en todos los triatlones que he hecho, experimentas una sensación indescriptible, y te dices a ti mismo ‘ha merecido la pena’. Admiro la capacidad de mucha gente que es capaz de compatibilizar trabajo, familia, triatlón e incluso estudios, pero yo no sé como me las arreglo, más bien no me las arreglo, que me envuelven demasiados las pasiones y me vuelco al máximo en ellas, sacando poco tiempo para otras facetas. El problema es que la sociedad no espera, pasan los años, te estancas en el mercado,  y sientes que hay que dedicar el tiempo y energías a la supervivencia, estudiando, trabajando más. Esa lucha entre lo laboral y las pasiones, triatlón en estos casos. El pragmatismo frente al altruismo. En este mundo donde cada día hay menos lugar para el auténtico goce y disfrute, casi siempre entendiendo éste por cosas que escapan a lo convencional y lo mercantilizado. Esas cosas que cita Murakami al principio de este ladrillo y que normalmente son invisibles y no materiales.
Es así como en Octubre del 2012 hice un medio Ironman en Sevilla en el que me prometí que era el último. Dispuesto entonces  a orientar después de esta prueba mis fuerzas a saldar mis deudas económicas  e intentar ampliar mis posibilidades profesionales estudiando. Pero cuando acabé la temporada y tras unos meses de descanso deportivo,  mi corazón me decía que no había terminado esta etapa, que no podía desaprovechar tanta experiencia sin apuntarme al reto que me faltaba, el Ironman. Sabía que si no probaba, siempre me iba a quedar con esa espina clavada, y tras muchos años acumulando entrenamientos, competiciones, saber extraido de cada aventura vivida en la larga distancia, era un error no apuntarme. Así que después de pensarlo y darle mil vueltas en Febrero del 2013, me metí en la página del Challenge de Vitoria en el que ya estaban inscritos, mi amigo Carlos, como no, y Marcos. Rellené el formulario de inscripción y click tarjeta de crédito al canto, estaba dentro.
Sabía que arriesgaba mucho a nivel económico, porque por ahora tengo trabajo por obra en el Intermedio, y me salen bolos en partidos de fútbol, pero el contexto es malísimo. En Telemadrid, donde me formé profesionalmente, todos mis amigos fueron despedidos de una manera injusta y canalla, entre ellos mi guía en el deporte del triatlón, Carlos Alcalde. Y yo me mantengo con lo que gano en el programa de la sexta, pero nunca sabes hasta que punto el programa va a seguir la próxima temporada, además los meses de Julio y Agosto me voy al paro. En fin que con tanta incertidumbre y sabiendo que en Julio iba a estar sin trabajo, me dije; 'pues me apunto y luego ya se verá lo que sucede'. No se puede pensar ya a largo plazo, así que toda decisión conlleva riesgo. Pero si no decides no vives y si te pliegas a la razón economicista que invade todas las esferas de la vida, te quedas de brazos cruzados metido en casa. No todo era tan negro, una de las cosas que tiene trabajar en el intermedio, es que te permite tener tiempo para poder entrenar. Es entonces cuando me dije; ' estoy trabajando una temporada más en este programa e igual luego nunca tendrás un trabajo con tanto tiempo libre, o haces el ironman ahora o ¡nunca!'. 

Una vez tomada la decisión, Carlos que me conoce bien y sabe que necesito un plan de entrenamiento para sentirme seguro, me puso en contacto con Jose Joaquín Acosta para dirigirme los entrenamientos. José ha hecho un gran trabajo y le estoy muy agradecido me puse a seguir sus planes. La preparación me encantó, la llevé muy bien, a veces pensaba que no estaba entrenando lo suficiente, me decía; 'necesito más volumen de bici', me parecía que estaba entrenando para la media distancia, pero con el tiempo me he dado cuenta que tal vez ya estaba preparado mucho antes para afrontar un Ironman.


En el mes de Junio hice dos medios ironman en el intervalo de tres semanas. El primero fue en Buitrago de Lozoya, Ecotrimad, donde me sentí bien en todo momento, sobre todo corriendo. Después Marcos y Carlos me presionaron, con razón, para que me apuntara al Astromad en Manzanares el Real dos semanas después. Y allí estaba haciendo otro medio donde el calor hizo que la prueba fuera más dura de lo esperado, sufrí en la media maratón llegando con calambres a meta. Lograr terminar en Manzanares con ese calor, sin embargo  no minó mi confianza para afrontar el Ironman, sobre todo porque mi recuperación después de la prueba fue excelente y estaba entrenando perfectamente a los tres días de hacer el astromad. Comencé a sentir la proximidad de la prueba en Vitoria, con un cosquilleo y emoción especiales, como la primera vez que encaraba el medio Ironman en Guadalajara hace 7 años.
Las primeras semanas de Julio sabía que el descanso, alimentarse y entrenar bien, eran claves. Pero la vida es azarosa y juega con tus planes caprichosamente. En los primeros días de Julio, aparece una persona muy especial en mi vida, Ana y me veo envuelto en una relación preciosa, lo que conlleva dejar de dormir, entrenar bien y comer mal. Pero me da igual, no me agobio. Tengo la sensación que estoy de sobra preparado. Y además a nivel espiritual estoy llenándome de energía compartiendo algo tan bello con Ana.


Pasan las semanas de Julio, la fecha se aproxima, estoy sin trabajo como había previsto allá por Febrero. Todo sigue el curso  planificado y calculado, tengo algunas propuestas de trabajo muy mal pagado, y les digo que no. Mi mente está centrada en el día 28 de Julio. Ana se va a vivir a Londres y le digo que iré a verla con la medalla de finisher. Y el día 26 cargo todas las cosas y me voy a Vitoria. Deseando que llegue el domingo por la mañana.

En Vitoria al entrar en la ciudad veo los autobuses que anuncian el evento y en las calles se respira ambiente de triatlón. Recojo mi dorsal en el corazón de Vitoria y comienzo a charlar con compañeros de batalla, a desearnos suerte. Llevo la camiseta de finisher en Ecotrimad y dos triatletas me preguntan qué me pareció la prueba, les digo que me encantó y que era un lujo tener una prueba así en la Comunidad de Madrid, luego me entero que son los organizadores del evento. Nos deseamos suerte para el domingo. Asisto a la pasta party con Carlos y Marcos, mas tarde nos reencontramos con Nuri, Nieves, Olivia, Jorge e Iciar. Nos vamos a descansar, el sábado nos esperaba la charla técnica y la preparación del material en las dos transiciones T1 y T2, había que ir al pantano de Landa, para dejar la bici.

El sábado en la charla técnica había buen ambiente, la sala repleta de gente, donde encuentro a muchos compañeros de club, a la mayoría no los conozco, pero les desee mucha suerte. Los organizadores del evento hicieron una buena exposición de la normativa y logística. Nos queda todo claro, hablaron de tiempos de corte y me parece en ese momento, que son razonables y no va a haber problema por pasarlos. A las 14:30 en el kilómetro 110 primer corte y a las 17:30 corte en la entrada de la T2. No le doy importancia en ese momento a los tiempos de corte, pero luego más tarde  cuando iba a estar metido en el ajo pedaleando en la bici, iba a resultar una auténtica obsesión.


El resto del día comienzo a sentirme nervioso y agarrotado, comienzo a dudar. Caliento unos kilómetros rodando en la bici para probar que está todo bien y me siento más incomodo que nunca encima de la flaca. Subo un poco el sillín y luego me digo; ‘¿menuda cagada, por qué lo has modificado ahora?’.  Comienzo a ser un manojo de nervios y a sentirme inseguro, se que sentirme así es el mayor enemigo posible para afrontar lo que me espera el día siguiente. Soy consciente que no puedo estar así de nervioso. Empieza a dolerme el cuello y a sentirme mal a nivel muscular. Me duele la cabeza y siento que la garganta se seca, pese a todo el líquido que he bebido durante la mañana. Tengo las sensaciones negativas que he experimentado en algunos de mis varapalos más grandes en algunas pruebas como mi primera y segunda vez en el triatlón de Zarautz años atrás, varapalos que me han ayudado a aprender muchísimo en todos los aspectos, es en las experiencias negativas donde más he aprendido, aunque en esta ocasión, no entraba en mis planes fracasar en el intento. Dejo mi bici en la T1 en el pantano de Landa, viento y cielo cubierto. Las previsiones meteorológicas daban para el domingo un cielo más despejado, temperatura agradable (muy importante), pero un fuerte viento. En el autobús de camino a Landa alguno habla de que iba a ser una bici rápida,  y en mis adentros escuchando pienso que para nada sería  así. Terminamos tarde en dejar todo el material en la T1 después de haber pasado por la T2 previamente y vuelvo a Vitoria donde sigo sin encontrarme relajado. Allí  encuentro más gente querida por Vitoria, mi amigo Míguel está de paso por allí, pero se da cuenta que ando en estado de bloqueo y estrés. Intento cenar pronto e irme al hotel lo antes posible para dormir todo lo que pueda, al final no consigo dormir ni dos horas. A las 4:45 estoy en pie y a las 5:45 parten los autobuses para ir al pantano. Bajo a desayunar cruzándome con gente borracha y de fiesta que esta celebrando una boda en el mismo hotel donde estamos los triatletas. Un gran contraste, pero la situación me resulta divertida. En el desayuno, preparado especialmente para los competidores, no consigo que me entre nada. Cojo mis cosas subo al autobús y comienzo a decirme una y otra vez; ‘ hay que disfrutar,  voy a tomarlo con mucha calma’.
Meses antes pensaba que el momento más difícil para mí iba a ser la hora previa a la prueba con el neopreno puesto esperando la salida, pero no fue así, había acumulado tantos nervios la tarde del sábado, que el cuerpo ya no podía agarrotarse más. En el pantano antes de comenzar a nadar, estaba contento y relajado., pensando;  ‘vamos a por este momento que llevas tanto tiempo esperando, o me siento orgulloso de estar en la línea de salida de un Ironman’ meditaba que había apostado correctamente por estar ahí. Que el triatlón me había hecho crecer como persona y que estaba agradecido a la vida por brindarme  una aventura tan bonita como esta.


Ya no había marcha atrás. Los jueces comenzaron a llamar por orden de salida, élites masculina, femenina y grupos de edad. A las 8:15 comenzaba mi aventura, nadando sereno y disfrutando en todo momento. El paso por la primera boya a 1400 metros  me resultó corto,  tenía una buena referencia para orientarme mirando las montañas que rodean el pantano, ayudándome a llegar bien sin desviarme mucho en el segundo giro. Me animo pensando; ‘vamos ya está hecha la mitad de la natación, vas muy bien y está siendo una gozada’. Después de la segunda boya enfilábamos hacia  la costa de llegada, primero había que pasar por una puerta de dos boyas, todo iba perfecto, pero justo al pasar esa puerta comenzó  un fuerte oleaje, y noté que había corrientes que me impedían deslizar y avanzar. Los nervios en esa situación pueden jugar una mala pasada, pero logré mantenerme sereno. Me dije; ‘vamos no iba a ser tan fácil la natación,  con calma’. La corriente me empujó a la izquierda dibujando una curva que me desvió del trayecto adecuado, eso me hizo perder tiempo y nadar más metros, los voluntarios en las canoas nos decían que no nos desviáramos a la izquierda. Al final, poco a poco me acerco a la llegada de la natación, los últimos 300 metros vuelven a ser más relajados y aprieto un poco rectificando la dirección. Cuando salgo del agua, lo hago contento, 1 hora 21 minutos, había hecho una natación muy conservadora pero no me importó. Las personas que se agolpaban en la llegada de la natación, mostraban preocupación en sus rostros esperando la salida del agua  de sus familiares o amigos compitiendo, y les grito; ‘ vamos un poco de alegría’. Rompo la tensión y empiezan  a aplaudir y a reír.

Me dirigí a la transición, y me lo tomé con calma, tanto, que luego viendo en la clasificación el tiempo empleado en el cambio de natación a bici me da unos 7 minutos, mucho tiempo. Pero yo iba a disfrutar a tomarlo como un camino muy largo hacia la deseada meta en Vitoria. En la alfombra antes de subirme a la bici pierdo por el camino un par de geles y pastillas de sales, el público me lo advierte y reculo, me rio un poco de la situación y recibo el ánimo del compañero de club, Jorge.
Me subo a la bici, el paisaje es alucinante, contrasta mucho con la ruta habitual que hago en Madrid entrenando. Así que me llena de alegría estar rodando en un entorno como ese. A nivel de piernas los primeros kilómetros no me siento cómodo, pero me digo; ‘tranquilidad poco a poco'. Comienzo a llevar la premisa de beber cada 20 minutos y comer cada hora. Es hasta el km 30 que no empiezo a entrar en ritmo con la bici. El recorrido es alucinante, no lo conocía y voy regulando sin quemar piernas para reconocerlo. Al paso por Salvatierra Agurain el paisaje comienza a ser más feo e industrial, pero lo peor no es eso, me encuentro con el pronóstico hecho el día anterior, un fuerte viento que hace ese tramo una auténtica lucha. Los 20-25 km hacia Vitoria son un bofetón de realidad, muchos pensaron que este triatlón iba a ser ‘cómodo’ en la bici, un circuito para ir rápido y para disfrutar sin quemarse en exceso antes de afrontar la maratón, pero, todos esos planes cambian, se van al garete con la aparición del viento. Al llegar a Vitoria se pasaba por el pabellón, Buesa Arena, sin duda un tramo duro que se hace largo, velocidades de 23 km/h, si no te querías dejar las piernas, y no es hasta pasarlo cuando se enfilaba otra vez el camino al pantano donde el viento volvía a estar a favor. Es en ese momento cuando me digo; ‘ tengo que apretar y recuperar el tiempo perdido en el tramo de tanto viento',  y así es, me pongo a una media de 40 km/h de camino a Landa, muy concentrado. Pasando por el pantano de  Landa comenzaba la segunda vuelta ahora el viento daba un poco de costado pero no me impidió rodar fluido. Mantengo la constante de hidratarme mucho y comer de manera regular, me siento bien de fuerzas y estoy en la mitad del recorrido de la bici. No vuelvo a pensar en la parte del circuito donde el viento da de cara. Solo pienso en como reponer los bidones con carbohidratos líquidos. La organización permitía personalizar los avituallamientos, a través de un conocido pero los acompañantes tenían muy difícil acceder al circuito de bici, al estar el tráfico cerrado,  para no colgarle el marrón a nadie que debía intentar alcanzar  un punto de avituallamiento y esperar horas allí, decidí,  llevar los carbohidratos en polvo en unas bolsitas, algún mal pensado podría haber pensado que llevaba una mercancía más orientada a la lujuria. En la segunda vuelta paro a mear antes de afrontar el tramo de viento. Miro con preocupación el tiempo de corte en bici, tengo margen pero no me puedo relajar. Después del segundo punto de avituallamiento me paro a rellenar los bidones de agua con los carbohidratos. Pierdo tiempo, pero prefiero ir con los alimentos que he probado entrenando en la preparación de la prueba los meses anteriores. El segundo paso encarando Vitoria con el viento en contra se hace duro pero lo llevo bastante bien,  soy doblado por el futuro ganador de la prueba, el portugués Gomes, minutos más tarde con mucha diferencia respecto al luso me pasan Alejandro Santamaría, Luarca y López Díaz, me digo; ‘los élite en otra dimensión, olvídalos’, sin darme cuenta pierdo energías  con el viento en contra pero lo afronto mejor que en la primera vuelta. Al pasar el Buesa Arena por segunda vez, supero el corte con margen y encaro la última vuelta del circuito de bici, con viento a favor, quiero recuperar como en la primera ocasión, pero no voy tan suelto, me doy cuenta del esfuerzo hecho en el tramo con viento en su segundo paso. La última vuelta en bici 60 km sé que se  va a hacer muy larga, y así fue,  sin duda uno de los peores momentos a nivel físico de toda la prueba, y donde tengo que batallar mentalmente para mantenerme entero anímicamente. Comienzo a delirar un poco, llego a pensar incluso que me he equivocado de camino, duda que se resuelve pronto al ver a voluntarios apostados marcando el circuito, (gran trabajo el de los voluntarios, deberían pagarles por lo que hacen pero ya sabemos como funciona todo). Temo el tramo de viento pero sé que esta vez es el último esfuerzo encima de la bici. Por el Km 160 comienzo a sentir dolor en todo el cuerpo, y el viento me azota de lo lindo. Pero a pesar de la dureza de Eolo, mis ilusiones de ser finisher no van a salir volando. Lo paso mal pero me aferro al manillar de la bici. Deseando encarar el giro que me lleva al Buesa Arena, este parece que no llega nunca, se hace eterno, mientras no encuentro ya ninguna posición cómoda encima de la bici. Comienzo a agobiarme con el corte en la T2, me quedan 10km para terminar la bici y tengo margen, pero parece que no se va a acabar nunca. El viento sopla y sopla. Cuando paso el Buesa Arena por tercera vez,  no tengo fuerzas y estoy sin ritmo. Oigo aplausos desde los balcones de las casas de Vitoria al entrar en la ciudad, pero voy  tocado,  pienso en lo que me queda por delante, una maratón y me pregunto si seré capaz tras el desgaste por el viento en la bici. Me duele todo el cuerpo, pero me digo;' vamos con calma, estás cerca del sueño, y vas a llevar esa medalla a Londres'. Pienso en Ana y en toda la gente que está atenta y apoyándome aunque no puedan estar en Vitoria. Sé que Carlos y Marcos estarán corriendo y que Jorge, Nieves, Iciar y Nuri estarán esperándome en el circuito urbano de la carrera a pié.  Alcanzo la T2, dejo la bici y me dirijo a la transición. 6 horas 44 minutos para 180 kilómetros.

En la transición me cambio de ropa, y me hidrato, observo las caras de la gente que llega por detrás mio a la T2   y les veo tocados de ánimo, los miro y  les sonrío e intento transmitirles optimismo. No tengo ni idea de lo que va a pasar cuando me ponga en pie y comience a correr. Paso por el baño me pongo el dorsal por delante aunque lo llevo enganchado por un lado, ya que el otro enganche se había roto y me pongo a correr. Hay un ambiente increíble en el inicio del segmento de carrera a pie. Escucho muchos ánimos y aplausos y tras unos primeros metros con dolor de rodillas y pies, comienzo a sentirme bien. Por sorpresa, a los pocos metros coincido con Carlos que viene de hacer su segunda vuelta. Me lleno de alegría y comentamos un poco. Va sufriendo mucho y maldiciendo  lo mal que lo ha pasado en la bici. Sus planes de bajar a las 9 horas se ven trastocados por el viento que ha hecho, aun así y a pesar que anda mal de ánimos tiene generosidad para transmitirme a mí energía y darme consejos. Me siento bien y le voy dejando atrás pese a que me saca 20 km de diferencia,  las piernas van y comienzo a correr a buen ritmo y a sentirme fuerte. Paso a un montón de gente que me lleva varios kilómetros de diferencia, estoy tan bien que no regulo y voy a buen ritmo. Sé que pronto ese ritmo se convertirá en cansino, pero me da igual y decido aprovechar el buen momento. En la segunda vuelta comienzo a notar fatiga pero logro mantenerme entero. Sé que a partir de la tercera vuelta comenzará  el desafío, pero sigo convencido que voy lograr ser finisher, los ánimos intactos, después de 21km y casi dos horas corriendo, llega el momento de la verdad, los últimos 21km de la maratón, un camino de extrema dureza pero donde cada paso  me acerca al sueño de cruzar la línea de meta de mi primer Ironman.  Decido no concentrarme en lo que me queda ni en lo que llevo hecho, sino en correr paso a paso, escuchando mi cuerpo, sabiendo que tengo que beber y comer, cuando tengo que dar respiro al estómago y mantener un ritmo constante sin pensar en parar. Si bien al final paro en los avituallamientos  para refrescarme y asimilar mejor lo que bebo,  en el kilómetro 28 comienzo a sentirme muy tocado. Sin duda desde el Kilómetro 28 al 34 son los momentos más duros para mi en la maratón. Flojeo, cada pisada es una cuchillada a nivel muscular y hay un momento que comienzo a sudar en exceso y a marearme. Me preocupa ese momento en el que estoy sudando tanto por los posibles calambres que pueden llegar, pero logro hidratarme bien, tomar sales bajando pulsaciones con un ritmo más pausado. Cuando termino la tercera vuelta el ambiente en plaza España me da alas y fuerzas para afrontar los últimos 10,5km. La última vuelta resulta larga muy larga  en los primeros 5 km, pero cuando me quedan  5'5 kilómetros para llegar a meta empiezo a sentirme fuerte otra vez, sé que estoy muy cerca y me vengo arriba  subo el ritmo cada vez más, la euforia invade toda mi mente y  corro fuerte como si hubiera iniciado un entrenamiento  hace unos minutos y no hubiera hecho nada de deporte en todo el día.

Euforia y emoción
Paso el último avituallamiento y ya no necesito pararme a tomar líquido. Tengo la línea de meta muy cerca y aprieto los dientes. Gloria mucha gloria en los últimos 3 kilómetros de la prueba, jamás, había sentido algo tan intenso haciendo deporte como en esos últimos kilómetros de la maratón. Rabia, alegría, lágrimas, pensando en todo lo que llevaba detrás para vivir  ese momento, siento que he vencido y me he vencido (he dejado atrás ese Sergio negativo, sacando lo mejor de mi).  Esas sensaciones, difíciles de describir, quedarán ahí y siempre sonreiré al recordarlas. Corro apretando los dientes, adelanto a mucha gente, pienso en mis amigos, en mi madre y hermana, en Ana. Enfilo la meta y se me saltan las lágrimas, soy finisher. 12 horas 53 minutos 27 segundos.  Diez años haciendo triatlón para llegar a este momento tan bonito. Me cuelgan la medalla y desde entonces estoy en una nube. En la nube que me llevará a Londres días después para compartir tanta alegría con esa persona especial que he conocido.  
Como en la cita de Murakami que pongo al inicio de la crónica. Las cosas que parecen inútiles a veces son las más importantes y las que te enriquecen más a nivel personal. Te hacen más humano y sabio. Cuantas veces mucha gente no comprende cual es el motivo por el que muchos deportistas pasamos horas entrenando, se preguntan,  por qué dedicamos tanto tiempo a algo que no nos reporta ningún beneficio económico, al contrario supone un esfuerzo. Pues tal vez nunca lo podrán saber, pero cuando veo a muchos compañeros deportistas, basta con una mirada para saber lo que se siente, no solo hay riqueza material, hay otro tipo de riqueza que la puede llamar cada uno como quiera, tal vez espiritual, aunque suene raro decirlo así.
Espero que esta experiencia  dure mucho tiempo en mis recuerdos y sepa trasladar todo lo experimentado a otras esferas de la vida.
No sé si podré seguir presentándome al Ironman, me gustaría. Pero es tiempo de hacer un paréntesis y luchar por otros retos.
Pese a las dificultades económicas y las incertidumbres estoy feliz de haber hecho una vez más el 'loco' y arriesgarlo todo por un deporte que amo. El dinero no puede comprar lo que siento después de esta experiencia.
Love triathlon!
Sergio Ruiz Azcoaga, Madrid 15 agosto 2013